Investigación 002 · Las tierras raras de Penco

  1. 01 Ni tierras, ni tan raras
  2. 02 La arcilla
  3. 03 Un camino en Penco
  4. 04 Del cerro al imán
  5. 05 Cómo se sacarían
  6. 06 El debate
  7. 07 ¿Quién gana?
  8. 08 Lo que me quedó

Investigación 002 · Territorio

Ya viste la historia.

Esto es lo que no cabía en una publicación:

Empezar a leer

Las tierras raras de Penco. Los cerros que el mundo mira.

Investigación 002 · Territorio12 min de lectura · 3 experiencias

Cuando llegué a vivir a Roa, supe que en mi terreno había funcionado una fábrica de ladrillos. Un vecino trabajó ahí, y me contaba que salían ladrillos de primera.

Un día me puse a mirar esa tierra con atención. Fina, de grano fino, sin suciedad. Mojada, se cortaba como torta. Seca, tenía una dureza total.

Ahí decidí que mi futura casa sería de adobe.

Seguí mirando la tierra, y el pensamiento se me elevó como un dron. Vi a mis vecinos, el bosque, los cerros: la misma tierra en todas partes.

Y pensé: estoy parado sobre una arcilla que el mundo entero quiere.

¿Qué tiene esta tierra para que unos quieran sacarla y otros quieran impedirlo?

Antes, algo más básico

Ni tierras, ni tan raras

“Tierras raras” es el nombre de 17 elementos químicos. No son tierras, y tampoco son tan raros.

El nombre no ayuda mucho.

“Tierras raras” no es una tierra especial. Es el nombre de un grupo de 17 elementos químicos: los 15 lantánidos de la tabla periódica, más el escandio y el itrio.

Y tampoco son tan raras. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que, como grupo, son relativamente abundantes en la corteza terrestre. Lo difícil es encontrarlas juntas, en cantidad suficiente y en una forma que se pueda aprovechar.

Podemos pensarlas como ingredientes. No basta con saber que están: importa cuál es, cuánto hay, con qué está mezclado y cuánto cuesta separarlo.

Decir “aquí hay tierras raras” todavía no dice casi nada.

Lo valioso no es la arcilla

En Penco están pegadas por fuera a la arcilla: unos 2,4 kilos por tonelada, según la empresa.

Volví a mirar la tierra de mi terreno con otra pregunta: ¿de dónde sale esta arcilla?

Un bloque de arcilla rojiza recién cortado, liso como una torta, junto a un trozo seco y agrietado.
La arcilla: mojada se corta como torta; seca, tiene una dureza total. Imagen generada con IA

En la Cordillera de la Costa, el granito lleva millones de años expuesto a la lluvia y al clima. Poco a poco se desgasta, se descompone y se transforma en suelo y arcilla. Un estudio chileno sobre la cordillera de Nahuelbuta describe cómo, en ese proceso, algunos elementos que estaban dentro de los minerales del granito quedaron atrapados en las arcillas.

Pero no quedaron dentro. Quedaron pegados por fuera.

Los geólogos lo llaman “adsorbido”: retenido en la superficie de los granos de arcilla, como el polvo que se queda en un paño. Por eso a estos yacimientos se les llama de arcilla iónica, y por eso se puede intentar despegar esos elementos sin moler roca.

Interactivo 01 Despega un elemento de la arcilla Explicación simplificada: muestra la idea, no las cantidades reales.

¿Y cuánto hay?

Según los datos que la empresa informa para su yacimiento en Penco, unas 2.400 partes por millón de óxidos de tierras raras. Dicho de otra forma: en una tonelada de arcilla habría unos 2,4 kilos. Y no todo eso se puede desprender.

2,4 kgpor tonelada de arcilla, según la empresa

Era eso. Lo que el mundo quiere no es la arcilla con la que se hacían esos ladrillos de primera. Es una pizca de elementos pegados a ella.

¿Y mi terreno? La arcilla de los ladrillos y la del proyecto probablemente nacen del mismo proceso: granito desgastado durante millones de años. Pero que un lugar tenga tierras raras en cantidad aprovechable no se sabe mirando la tierra. Se sabe midiendo.

Todo empezó en el borde de un camino

Todo partió con unas muestras sacadas de cortes de camino, y una planta piloto en 2015.

¿Cómo alguien supo que esto estaba aquí?

A comienzos de la década pasada, un geólogo de una empresa chilena asistió a un seminario en el extranjero. Ahí escuchó a un especialista japonés explicar que el futuro de las tierras raras estaba en las arcillas, como las que se explotan en el sur de China.

Volvió a la región y sacó muestras de cortes de camino. Resultaron tener tierras raras en una cantidad que valía la pena estudiar.

En 2015 se inauguró una planta piloto en los cerros junto a Penco, en el fundo El Cabrito, con apoyo de Corfo y la participación de varias universidades. Años después, el proyecto pasó a manos de Aclara Resources, una empresa que cotiza en la bolsa de Toronto y cuyo principal accionista es el grupo minero Hochschild. Hoy lo desarrolla junto al Grupo CAP.

Todo comenzó con alguien que miró una tierra que casi todos veíamos todos los días.

Del cerro al imán

Sirven para fabricar los imanes más potentes, y hoy China controla casi toda su cadena.

Entonces, ¿para qué sirve esa pizca?

Probablemente tienes tierras raras en el bolsillo. El celular las usa en los pequeños imanes que hacen sonar el parlante y vibrar el teléfono.

Las más buscadas son cuatro: neodimio, praseodimio, disprosio y terbio. Con ellas se fabrican los imanes más potentes que existen, los que mueven los motores de los autos eléctricos, los aerogeneradores y muchos motores industriales. El disprosio y el terbio son las llamadas tierras raras pesadas, y la empresa presenta a Penco justamente como una fuente de ellas.

Y aquí aparece el problema que tiene al mundo mirando arcillas.

Según la Agencia Internacional de Energía, en 2024 China producía cerca del 60 % de la minería de estas tierras raras. Pero controlaba el 91 % del refinado y el 94 % de la fabricación de imanes.

Participación de China en 2024

  1. Minería60 %
  2. Refinado91 %
  3. Imanes94 %

Fuente: Agencia Internacional de Energía, 2026 (datos de 2024)

Interactivo 02 Del cerro al imán Las tres etapas de la cadena y cuánto de cada una está en China.

En 2025, cuando China restringió sus exportaciones, fábricas de automóviles en otros países tuvieron problemas para conseguir imanes. Desde entonces, muchos gobiernos buscan otras fuentes.

La misma agencia calcula que, con los proyectos existentes y anunciados fuera de China, hacia 2035 se cubriría solo la mitad de la minería necesaria, un cuarto del refinado y menos de un quinto de los imanes.

Abrir una mina no basta. Por eso Aclara presenta a Penco como el primer eslabón de una cadena: arcilla de Chile y Brasil, una planta de separación en Luisiana, Estados Unidos, y aleaciones junto a CAP.

La tierra de Roa y un auto eléctrico al otro lado del mundo podrían quedar unidos por un mismo hilo.

Cómo se sacarían

La empresa propone despegarlas con una solución y agua reciclada. Todavía no hay una operación que lo compruebe.

Aquí conviene separar con cuidado lo que la empresa propone de lo que se puede comprobar.

El proyecto contempla tres áreas de extracción de arcilla, una planta de procesamiento, bodegas y caminos internos. La arcilla se sacaría de los cerros, se llevaría a la planta y ahí, con una solución de sulfato de amonio, se despegarían las tierras raras de su superficie. Lo que sale no es un imán: es un concentrado que todavía debe separarse y refinarse lejos de aquí.

La empresa llama a su método “Cosecha Circular de Minerales”. Declara que no usa explosivos ni muele roca, que recircula el 95 % del agua y el 99 % del reactivo, que se abastecería con agua reciclada y que, por eso, no necesitaría un depósito de relaves. También promete revegetar más de 100 hectáreas con especies nativas.

Son declaraciones de diseño. Todavía no existe una operación comercial en Penco que permita comprobarlas.

Toca una parte del circuito

Interactivo 03 Sigue el agua Esquema conceptual: separa lo que declara la empresa de lo que falta comprobar. Sin caudales inventados.

También hay cifras económicas, todas informadas por la empresa: una inversión de US$130 millones, unos 700 empleos en el peak de la construcción y 400 durante la operación.

No son puestos ya creados. Son lo que la empresa anuncia.

El debate vuelve a Penco

Unos lo ven como desarrollo, otros como un riesgo para la comuna. Hoy está aprobado, con reclamos pendientes.

Hasta aquí seguimos a los elementos desde la arcilla hasta un motor. Ahora volvamos al lugar donde se propone sacarlos.

Vista aérea de cerros con plantaciones forestales, laderas quemadas y una bahía con un puerto al fondo.
Los cerros sobre la bahía, con huellas de incendio. Imagen generada con IA

Para contar este debate con honestidad hay que dejar que cada parte haga su mejor pregunta.

Quienes lo apoyan

La empresa sostiene que Penco puede ser una fuente de tierras raras fuera de China, con empleo local —promete priorizar la contratación en la comuna— y un método que cuida el agua y recupera vegetación nativa.

No está sola. La Confederación de la Producción y el Comercio de Concepción valoró la aprobación como una decisión técnica tras una evaluación rigurosa, y la Sociedad Nacional de Minería ve el proyecto como una forma de diversificar la minería y el desarrollo del Biobío.

Su pregunta: si el mundo necesita estos minerales, ¿no es mejor sacarlos con un método más limpio, aquí, que depender de un solo país?

La evaluación ambiental

En junio de 2026, la Comisión de Evaluación Ambiental del Biobío aprobó el proyecto por unanimidad. El proceso incluyó revisiones técnicas de distintos servicios públicos, participación ciudadana y una consulta indígena con la comunidad Koñintu Lafken Mapu y tres familias.

Es el argumento institucional más concreto: el proyecto pasó una evaluación formal. Pero una aprobación no significa que no existan impactos; significa que el Estado los consideró aceptables con ciertas condiciones.

Quienes lo rechazan

La Municipalidad de Penco formalizó su rechazo ante el Servicio de Evaluación Ambiental. Sostiene que el proyecto no encaja con el plan de desarrollo que la comuna se fijó y cuestiona el diálogo con las comunidades, en especial por lugares de recolección de plantas medicinales, de valor espiritual y de tránsito cultural.

Organizaciones de vecinos, como Penco-Lirquén Libre de Minería, cuestionan cómo se evaluaron los riesgos para la salud y la seguridad, y sostienen que la minería choca con la vocación turística, gastronómica y patrimonial de Penco. Representantes de la comunidad Koñintu Lafken Mapu afirman que no se evaluaron todos los impactos y anuncian que seguirán defendiendo el cerro y el agua.

La ONG Defensa Ambiental cuestiona cómo se consideraron las observaciones ciudadanas y los riesgos de remoción en masa y de radiación. Algunas organizaciones proponen otro destino para esos cerros: un gran parque para Penco.

Su pregunta: ¿cómo encaja una faena minera con el futuro que la comuna quiere para sí misma?

Dos temas que piden evidencia

El primero es la radiación. Estos depósitos pueden contener pequeñas cantidades de elementos radiactivos naturales. La Comisión Chilena de Energía Nuclear revisó el proyecto y pidió medir su presencia en los lugares de trabajo y vigilar las dosis de los trabajadores. Eso no demuestra un daño para los vecinos. Tampoco permite decir que no hay nada que medir. Presencia, cantidad y exposición son preguntas distintas, y se responden midiendo.

El segundo son los incendios. Los cerros de Penco se quemaron a comienzos de 2026, y la empresa tuvo que agregar medidas para la recuperación del área en la última etapa de la evaluación.

Dónde está hoy

Tras la aprobación se presentaron reclamaciones. El Servicio de Evaluación Ambiental admitió a trámite la de los vecinos representados por la ONG Defensa Ambiental. El proyecto también toca un área menor de Concepción, cuya municipalidad presentó su propio reclamo; según la prensa regional, el Servicio lo declaró inadmisible.

Ahora decide el Comité de Ministros. Después de eso, cualquiera de las partes puede recurrir al Tribunal Ambiental.

Mientras tanto, la empresa anuncia ingeniería y comienzo de la construcción durante 2027, y la puesta en marcha a mediados de 2028, si cumple sus hitos.

Al 3 de octubre de 2026, el proyecto está aprobado ambientalmente, con reclamaciones pendientes. Nada se ha construido todavía.

¿Quién gana?

No está decidido. Lo que gane Penco dependerá de compromisos que se puedan exigir y vigilar.

Después de todo esto me quedó la pregunta que se hace cualquier vecino. Si el mundo necesita estos minerales, ¿esto ya es inevitable? ¿Vale la pena pelear? Y si va a pasar igual, ¿qué gana Penco?

Lo primero que encontré es que no está decidido. El proyecto tiene aprobación ambiental, pero las reclamaciones siguen pendientes ante el Comité de Ministros, y después puede venir el Tribunal Ambiental. La propia empresa condiciona su calendario a conseguir financiamiento y compradores.

Lo segundo: no todos ganan lo mismo, ni de la misma forma.

Lo que dice la ley

Las concesiones mineras pagan una patente anual. Por ley, la mitad de lo recaudado va a la región y la otra mitad a la comuna donde están las concesiones. Para una concesión que se está trabajando, la patente es de una décima de UTM por hectárea al año.

≈ 10 UTMal año por cada 100 hectáreas, la mitad para Penco

Al lado de una inversión de US$130 millones, es poco. Los impuestos que pague la empresa por sus ganancias van al presupuesto nacional, no directamente a la comuna.

Lo que depende de compromisos

El resto no viene de la ley, sino de lo que la empresa se comprometió a hacer: priorizar la contratación en Penco, con una meta que la empresa ha mencionado de 40 % de empleo local; restaurar los cerros con especies nativas; y las condiciones que quedaron en la resolución ambiental.

Esas condiciones son obligatorias, y la Superintendencia del Medio Ambiente debe fiscalizar que se cumplan. Cualquier persona puede denunciar ante ella si cree que no se están cumpliendo.

Lo que ya cambió

Hay un dato que me llamó la atención. El proyecto que se aprobó no es el mismo que se presentó primero. La empresa dice que lo modificó para evitar áreas con naranjillos, y tuvo que agregar medidas después de los incendios. Las observaciones de la comunidad y de los servicios públicos sí cambiaron cosas.

Entonces

Si el proyecto avanza, lo que Penco gane va a depender de que las promesas se conviertan en compromisos medibles, y de que alguien los vigile. Si no avanza, la pregunta es qué hacer con esos cerros: hay organizaciones que proponen un parque.

En ninguno de los dos caminos el resultado está escrito. Y en los dos, una comunidad informada pesa más que una que no lo está.

Lo que me quedó

Restos de un antiguo horno de ladrillos cubierto de pasto, con ladrillos apilados y cerros al atardecer.
Los restos de un antiguo horno de ladrillos, donde salían ladrillos de primera. Imagen generada con IA

Empecé mirando la tierra de mi terreno, la de los ladrillos de primera.

Terminé entendiendo que lo que el mundo busca en esos cerros no es la arcilla, sino una pizca de elementos pegados a ella. Y que esa pizca podría terminar en un motor al otro lado del planeta.

La misma tierra puede ser una casa de adobe o un concentrado que viaja a otro continente. Puede ser un paisaje, un lugar de recolección, un recuerdo, un recurso.

Entender la química ayuda. Entender el mercado también. Pero para entender Penco hay que escuchar a quienes proponen el proyecto, a quienes lo evalúan y a quienes vivirían con sus consecuencias.