Investigación 001 · Los mundos que no vemos

  1. 01 Un planeta sin Sol
  2. 02 Cómo queda libre
  3. 03 Cómo lo encontramos
  4. 04 Cuántos podrían existir
  5. 05 Los que sí podemos ver
  6. 06 Seguir buscando
  7. 07 Lo que me quedó

Investigación 001 · Astronomía

Ya viste la historia.

Esto es lo que no cabía en 52 segundos:

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Los mundos que no vemos. Planetas que viajan solos por nuestra galaxia.

Investigación 001 · Astronomía9 min de lectura · 3 experiencias

Hace unos días un amigo me habló de los planetas errantes.

Curiosamente, no me estaba hablando de astronomía. Los comparó con algunas personas: las que pasan por la vida sin terminar de pertenecer del todo a ningún lugar.

La comparación la encontré interesante, y hasta autodescriptiva. Analizando detenidamente el tema, me pregunté:

¿Existen realmente planetas viajando solos por el espacio?

Así que fui a averiguarlo.

Sí. Existen.

Pero lo que encontré después fue bastante más extraño de lo que esperaba. Incluso el título de esta investigación terminó siendo solo en parte cierto.

Un planeta sin Sol

Un planeta errante es un mundo que no gira alrededor de ninguna estrella.

Pensemos primero en nuestra propia casa.

La Tierra gira alrededor del Sol. Júpiter también. Saturno también. El Sol es la estrella de nuestra familia planetaria.

Ahora imaginemos que algo empuja a Júpiter fuera del Sistema Solar, con la velocidad suficiente para que nunca regrese.

Interactivo 01 Acerca otro planeta Simulación simplificada: las órbitas siguen la gravedad real, pero en la naturaleza hacen falta muchos encuentros a lo largo de miles de años.

Júpiter no desaparecería. Seguiría siendo un mundo enorme, redondo, con masa y gravedad. Pero ya no tendría un Sol alrededor del cual girar. Comenzaría un viaje por la galaxia.

Eso es, dicho de manera sencilla, un planeta errante: un objeto con masa de planeta que no está ligado gravitacionalmente a ninguna estrella. También se les llama planetas de libre flotación.

¿Quién lo expulsó?

Pueden salir disparados de su sistema cuando son jóvenes… o quizás nacer solos.

Los sistemas planetarios no nacen tan ordenados como los vemos miles de millones de años después.

Mientras se forman, los planetas jóvenes se tironean entre sí con su gravedad. Esas interacciones pueden alterar sus órbitas y, a veces, darle a uno la energía suficiente para escapar. Es una de las explicaciones más importantes para la existencia de planetas errantes.

Pero no necesariamente todos tuvieron una estrella. También se estudia que algunos objetos de masa planetaria se formen solos, a partir del colapso de una nube de gas y polvo, de manera más parecida a una estrella que a un planeta.

Dos objetos pueden parecerse hoy y haber llegado hasta ahí por historias completamente distintas.

En 2024, uno pasó por delante de una estrella

El 3 de mayo de 2024, dos redes de telescopios detectaron que una estrella lejana aumentaba de brillo por unas horas. Una era la red coreana KMTNet y la otra el proyecto OGLE, que observa desde el Observatorio Las Campanas, en Chile.

Al mismo tiempo lo registró el satélite Gaia, que estaba a casi dos millones de kilómetros de la Tierra. Gaia vio el mismo aumento de brillo unas dos horas después.

Dos curvas de brillo casi iguales: la vista desde la Tierra alcanza su máximo unas dos horas antes que la vista desde Gaia. ≈ 2 horas Tierra Gaia tiempo → brillo ↑
Esquema simplificado: la misma subida de brillo, vista desde dos lugares. Esa pequeña diferencia de tiempo permitió calcular la masa del planeta.

Esa pequeña diferencia, vista desde dos lugares tan separados, permitió algo que nunca se había logrado: medir directamente la masa de un planeta errante. Resultó tener unas 70 veces la masa de la Tierra, algo menos que Saturno.

≈ 70veces la masa de la Tierra

El estudio se publicó en la revista Science en enero de 2026. Al compararlo con otros eventos y con simulaciones, los autores concluyen que probablemente se formó como un planeta, dentro de un disco alrededor de una estrella, y que después fue expulsado.

No solo estamos descubriendo que existen. Estamos empezando a reconstruir de dónde vienen.

Pero aquí algo no me cuadraba

Hasta ese momento todo tenía sentido. Un planeta puede ser expulsado. Puede seguir viajando por la galaxia. Perfecto.

Pero apareció un problema bastante evidente.

Si está solo y no tiene un Sol que lo ilumine…

¿Cómo demonios lo vemos?

Los encontramos sin verlos: cuando uno pasa delante de una estrella lejana, su gravedad la hace brillar más por unas horas.

Podemos descubrirlo sin verlo

Aquí entra Einstein, pero sin convertir esto en una clase de relatividad.

Hay una sola idea que necesitamos: la masa curva el espacio, y la luz que pasa cerca de una masa también se curva.

Cuando un objeto pasa casi perfectamente alineado entre nosotros y una estrella mucho más lejana, la luz de esa estrella se desvía al pasar junto a él. Desde la Tierra vemos que la estrella se vuelve más brillante por un rato. Luego el alineamiento termina y todo vuelve a la normalidad.

El objeto que pasó por delante funcionó como una diminuta lupa cósmica. Eso se llama microlente gravitacional, y es la única manera que tenemos de encontrar los planetas errantes más pequeños.

Interactivo 02 Encuentra el planeta El brillo se calcula con la fórmula real de la microlente gravitacional.

Y duran poquísimo

La señal de un planeta errante dura entre unas pocas horas y alrededor de un día. Mientras más pequeño el planeta, más corta la señal. Después, esa oportunidad no vuelve.

No podemos decir “mañana volvamos a mirar ese mismo evento”. Ya pasó.

Por eso, encontrarlos exige vigilar enormes cantidades de estrellas, una y otra vez, esperando que alguna cambie de brillo justo cuando estamos mirando.

¿Cuántos hay?

Podría haber unas 20 veces más planetas errantes que estrellas, aunque es una estimación con un margen grande.

Durante nueve años, entre 2006 y 2014, el proyecto MOA observó el centro de la galaxia desde el Observatorio Mount John, en Nueva Zelanda. Su análisis llegó a detectar objetos con masas cercanas a la de la Tierra.

En 2023, un equipo de NASA y de la Universidad de Osaka publicó la estimación que salió de esos datos: nuestra galaxia tendría unas 20 veces más planetas errantes que estrellas, contando también planetas en órbitas tan amplias que desde aquí no se distinguen de uno suelto. Billones de mundos viajando solos.

Una estrella rodeada de veinte planetas errantes oscuros. 1 estrella ≈ 20 errantes
Por cada estrella, unos 20 planetas errantes. Es una estimación, no un conteo.

El mismo estudio encontró algo curioso: los errantes del tamaño de la Tierra serían más comunes que los grandes.

Y las estimaciones han cambiado antes.

En 2011, un estudio sugirió que podía haber cerca de dos planetas errantes del tamaño de Júpiter por cada estrella. En 2017, otro estudio con muchos más datos lo descartó: los Júpiter errantes son bastante más escasos. Pero ese mismo trabajo encontró señales de una población abundante de errantes mucho más pequeños, del tamaño de la Tierra.

Que una cifra científica cambie no significa que la ciencia haya fallado. Muchas veces significa que llegaron mejores observaciones.

Algunos sí podemos verlos

A los más jóvenes sí se les puede ver, porque todavía brillan con su propio calor.

Hasta aquí, uno podría quedarse con la idea de que estos planetas son completamente invisibles.

No exactamente.

En 2021, un equipo revisó más de 80.000 imágenes tomadas durante unos 20 años por varios telescopios, la mayoría del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile. Estudiaron una región joven del cielo en dirección a las constelaciones de Escorpio y Ofiuco, a unos 420 años luz.

Encontraron entre 70 y 170 planetas errantes. El número exacto depende de la edad que se le asigne a la región.

Campo de estrellas entre Escorpio y Ofiuco, con más de cien pequeños círculos rojos que marcan posibles planetas errantes.
Cada círculo rojo marca uno de los 115 posibles planetas errantes de ese estudio. ESO/N. Risinger (skysurvey.org)

¿Cómo los vieron, si ninguna estrella los ilumina? Porque eran jóvenes. Un planeta recién formado todavía conserva calor y emite un brillo débil que los instrumentos más sensibles pueden captar. Con el tiempo se enfría y se vuelve muchísimo más difícil de observar.

Los llamé “los mundos que no vemos”. Después descubrí que algunos sí podemos verlos. Y eso hizo la historia todavía más interesante.

Campo de estrellas en dirección a Escorpio. En el centro, un pequeño punto rojo: un planeta errante joven.
Esto es lo que realmente vemos. Un punto rojo en el centro de la imagen: un planeta errante joven, fotografiado combinando datos de dos telescopios del Observatorio Paranal, en Chile. ESO/Miret-Roig et al. · Ver imagen completa ↗

1 millón de años

Brillo en infrarrojo

Interactivo 03 Apaga un mundo Valores aproximados para un planeta de varias veces la masa de Júpiter.

Entonces me hice la pregunta inevitable

¿Podría haber uno cerca? El inventario está incompleto, pero no hay evidencia de ninguno muy próximo. Y un nuevo telescopio va a buscarlos en serio.

Si existen tantos.

Si los más viejos son extraordinariamente oscuros.

Si algunos solo delatan su presencia cuando, por casualidad, pasan delante de una estrella.

¿Podría haber alguno relativamente cerca que todavía no conozcamos?

En un sentido, sí: nuestro inventario está muy lejos de estar completo.

Pero aquí hay que tener cuidado. Que la galaxia pueda tener enormes cantidades de planetas errantes no significa que haya uno al lado del Sistema Solar. Y no existe ninguna evidencia de mundos desconocidos muy próximos a la Tierra.

Las cifras hablan de la galaxia completa. No son un mapa de nuestro vecindario.

Esa diferencia importa. Es lo que separa una investigación de una noticia sensacionalista.

Y ahora vamos a buscarlos en serio

Mientras escribía esta investigación, despegó una máquina extraordinaria.

Silueta del cohete Falcon Heavy subiendo frente al disco del Sol, con su estela iluminada.
El Falcon Heavy con Roman a bordo cruza frente al Sol durante el despegue, el 30 de agosto de 2026. NASA/John Kraus

El telescopio espacial Nancy Grace Roman, de NASA, salió de Florida el 30 de agosto de 2026 a bordo de un cohete Falcon Heavy. Ahora viaja hacia su órbita final, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Después de unos meses de pruebas, NASA espera publicar sus primeras imágenes a comienzos de 2027.

Uno de sus grandes trabajos será vigilar el centro de nuestra galaxia, donde las estrellas se amontonan. Durante seis temporadas de unos 70 días cada una, fotografiará la misma región cada 12 minutos.

12minutos entre una foto y la siguiente

Piénsalo: no mirar una estrella. Vigilar millones de estrellas, una y otra vez. Cada doce minutos.

Porque en alguna de ellas puede aparecer, durante unas horas, la huella gravitacional de un mundo que no podemos ver.

Los cálculos publicados en 2023 sugieren que Roman podría encontrar unos 400 planetas errantes con masa parecida a la de la Tierra. La estimación anterior era de 50. Es una predicción basada en modelos y cambiará cuando lleguen los datos reales.

Y no está solo. El telescopio europeo Euclid ya fotografió esa misma región, en un solo día de marzo de 2025. En esas imágenes ya están las estrellas de todos los eventos que Roman detectará, antes de que ocurran. Esas imágenes servirán como referencia de “antes”: cuando Roman detecte un evento, los astrónomos podrán comparar y medir mejor las masas de los planetas que encuentre.

Mapa ovalado de toda la Vía Láctea. Sobre su centro, un recuadro dorado muestra la región fotografiada por Euclid, con dos ampliaciones llenas de estrellas.
La región que fotografió Euclid, marcada sobre el mapa de toda la Vía Láctea del satélite Gaia. Es la misma zona que vigilará Roman. ESA/Euclid/Euclid Consortium/NASA, CFHT, ESA/Gaia/DPAC; procesamiento J.-C. Cuillandre y E. Bertin (CEA Paris-Saclay) · CC BY-SA 3.0 IGO

Volví al punto de partida

Un amigo me habló de personas que parecían planetas errantes. Yo terminé buscando planetas.

Y después de todo esto, lo que más me impresionó no fue descubrir que existen mundos viajando solos.

Fue otra cosa.